HONOR

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«¡Disciplina! Nunca bien definida y comprendida. ¡Disciplina! Que no encierra mérito alguno cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina! Que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos, este es el ejemplo que os ofrecemos.»

ESTA ES LA HISTORIA DE NUESTRO SACRIFICIO Y TU ERES EL FUTURO

martes, 1 de enero de 2019

DEMETRIO NUÑEZ NUÑEZ

SENCILLAMENTE, UN "GUARDIA CIVIL"

Demetrio, el desconocido guardia civil republicano que ayudó al Rey a salir de España en la II República.Nunca se hizo famoso, pero este miembro de la Benemérita acompañó y protegió a Alfonso XIII, junto al ministro de Marina, en su salida del país el 14 de abril de 1931

En la histórica portada que ABC publicó el 17 de abril de 1931, tres días después de que se proclamara la Segunda República, Alfonso XIII se dirigía a los españoles para explicar las razones de su abdicación y salida del país: «Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo». En la misma carta subrayaba después: «Soy el Rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en una fratricida guerra civil».

Todo se había precipitado después de las elecciones en las que los partidos monárquicos habían ganado sobradamente a los republicanos, pero en las que estos vencieron en la mayoría de las capitales, incluidas Madrid y Barcelona. Esto fue interpretado por algunos ministros como una derrota del sistema que exigía la salida del Rey. Por eso, cuando Alfonso XIII se asomó al balcón del Palacio Real el 14 de abril y vio a la muchedumbre revolucionaria, exclamó: «No quiero, no, que por mí se derrame una sola gota de sangre». Y el presidente del Consejo de Ministros, Juan Bautista Aznar, se preguntaba: «¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se levanta republicano?».

La decisión de que el Rey debía abandonar España se había tomado el 12 abril, poco después de haberse hecho público el resultado de los comicios. Así lo cuenta el ministro de Marina José Rivera y Álvarez de Canedo en el pormenorizado informe que dejó escrito de los cuatro días siguientes. La visión del hombre encargado de sacar al Rey del país y trasladarlo sano y salvo a Marsella, junto a nuestro desconocido guardia civil: Demetrio Núñez Núñez. «El día de las elecciones hablé con Aznar y me dijo que a las 16.30 tendríamos consejo de ministros. Nos reunimos y tomó la palabra Romanones, quien desde luego opinó que la única solución era que el Rey se marchase y que el Gobierno presentara la dimisión. Pensé que esto era ya cosa convenida con el Rey [...]. Aunque era algo muy fuerte, todos comprendimos que no había otra solución, pues ni el Rey quería resistir, ni el ministro de la Guerra contaba con el Ejército, según expresó claramente en repetidas ocasiones. El ministro de Fomento, Juan de la Cierva y Peñafiel, fue el único que opinó enérgica y decididamente en contra», cuenta Canedo al comienzo de sus nueve folios mecanografiados en un tono es aséptico, pero con todo lujo de detalles.

Explica este después que el 14 de abril volvió a recibir una llamada para que, a las 12 de la mañana, se presentara urgentemente en el Palacio Real y ordenara que se preparara un barco en Cartagena. La situación era «alarmante» ya en aquellos momentos. Al reunirse con Don Alfonso XIII, este insistió en su decisión de «ausentarse de España en vista de las circunstancias, pues, aunque no le faltaba valor para jugarse la vida y estaba seguro de contar con fuerzas suficientes para resistir, no quería que por su causa se derramase sangre».

En el Palacio Real se encontraba en esos momentos Demetrio Núñez Núñez. Había nacido en Rublacedo de Arriba (Burgos), en 1902, e ingresado en la Guardia Civil a mediados de la década de los 20. Su primer destino fue Córdoba, donde participó en la detención de algunos de los bandoleros más famosos de la época. De allí fue enviado a La Rioja, donde conoció a su futura esposa. Y finalmente acabó en Madrid, como miembro de la Guardia del Rey, en cuyo cuerpo escribió una página importante en la historia de España, al prestar protección a Alfonso XIII durante su huida y en los días posteriores a su familia.

Allí estaba cuando a Canedo se le ordenó de nuevo acudir al Palacio para participar en otro Consejo de ministros a las 16.30. Después, cuenta, vio al todavía monarca «junto a la ventana, exclamando: “Esta es la que casa en la que nací y quizá no volveré a ver”». Y luego quedó en recogerlo, tras la indicación dada por el Conde de Romanones, de que fuera él quien lo acompañara en su viaje. A la hora indicada se presentó con su chófer de confianza y su coche de alta gama, un Duesenberg convertible. «Vamos José», dijo el Rey al verle, poco antes de que aparecieran todos los miembros de su servicio para «rodearle cariñosamente y decirle que volviera pronto».

El monarca salió del Palacio por la puerta secreta que daba a los jardines del Campo del Moro y se subió a su Duesenberg, junto al infante Alfonso de Orleans y su ayudante Moreu. Detrás iban Canedo y el duque de Miranda. Y en un tercer vehículo, escoltándolos a todos, Demetrio Núñez junto a cuatro compañeros guardias civiles de los que nunca trascendió el nombre. La identidad del agente burgalés la conocemos porque su historia fue rescatada hace dos años en «Miradas. Historia de la Guardia Civil en Burgos» (Diputación de Burgos).

Nuñez y los otros agentes compañeros seguían en secreto al Rey y su séquito. Lo hicieron con tanta discrección, vigilando en la distancia, que la comitiva no se percató de su presencia hasta llegar a Aranjuez. En ese momento, y por seguridad, ni siquiera Alfonso XIII sabía que le trasladaban a Cartagena para embarcarlo con destino a Marsella. «¿A dónde vamos?», preguntó este. «Ya se lo diré a Su Majestad después y al oído», respondió el ministro de Marina en uno de los tres altos en el camino que hicieron. Nuñez les seguía detrás. Querían evitar el menor incidente. La situación en España era tensa, como se pudo observar, por ejemplo, en las tropelías que se cometieron contra la Iglesia poco después de proclamarse la Segunda República: más de un centenar de edificios religiosos ardieron en los siguientes días.

«A llegar a un paso de nivel en la vía férrea en Murcia, se acercaron a prudente distancia cinco hombres que se quedaron parados y observándonos, pero al rato saludaron quitándose los sombreros y lo volvieron a hacer al abrirse el paso y continuar nuestro viaje. ¿Quienes serían? ¿Policías, periodistas? No lo sé [...]. En el Puerto de Cartagena nos encontramos con numeroso público que, contenido por los guardia civiles, pues no se le dejó entrar como deseaba, prorrumpió en gritos y vivas a la República [...]. Invité al Rey a que embarcara en el bote dispuesto y nos fuimos al “Príncipe Alfonso”, que nos esperaba a pique del ancla», puede leerse en el informe de José Rivera y Álvarez de Canedo. 

Comenta también que vio llorar al Rey: «Dispense, Don José, no lo he podido evitar», se disculpó este. Y añade el ministro en su escrito: «Por su deseo subimos al Puente Alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que quería ver España por última vez. Luego me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella. Me indicó que le parecía mejor Tolón (Francia), pues Marsella era un puerto de mucho movimiento, pero le convencí».

Después de participar en el traslado del Alfonso XIII, Demetrio Núñez siguió durante un tiempo protegiendo al resto de la Familia Real que se quedó en Madrid, a pesar de que ya se había instaurado el régimen republicano y de que el monarca, tal y como había anticipado, nunca más regresaría a casa. Fallecería diez años después en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho. Lo hizo solo un mes después de renunciar a la jefatura de la Casa Real en favor de su hijo Juan. Sus restos volvieron a España en 1980. El «inmenso sacrificio» que realizó al exiliarse no contuvo, por desgracia, la violencia. Cinco años después, España se desangraba en la Guerra Civil que había tratado de evitar con su marcha. 

Demetrio Núñez, por su parte, fue expulsado de la Benemérita para siempre al finalizar la guerra en 1939. La causa: sus servicios a la Monarquía, que prestó con total dedicación y esmero a pesar de su filiación política republicana.

4º Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro, y desempeñando sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, será más respetado que el que con amenazas, solo consigue malquistarse con todos.


5º Debe ser prudente, sin debilidad, firma sin violencia y político sin bajeza.

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