HONOR

HONOR
«¡Disciplina! Nunca bien definida y comprendida. ¡Disciplina! Que no encierra mérito alguno cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina! Que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos, este es el ejemplo que os ofrecemos.»

ESTA ES LA HISTORIA DE NUESTRO SACRIFICIO Y TU ERES EL FUTURO

"EL AZOTE DE ETA"

lunes, 25 de octubre de 2010

EL EXPERTO RUBALCABA NOS DEMUESTRA QUE NO HA CAMBIADO

LAS MENTIRAS, SIEMPRE TERMINAN POR ACUSAR A QUIEN LAS DICE Y AQUÍ SE DEMUESTRA QUE NOS HA MENTIDO EN ESTE CASO, DOS VECES Y LAS QUE QUEDAN POR SALIR DE SU BOCA.
http://www.tv3.cat/videos/3062490 


36 HORAS DE ASEDIO AL CUARTEL ESPAÑOL


Un testigo desmonta la versión del Gobierno del ataque en Qala-I-Naw

Meses después, la cortina de silencio tendida por el Ministerio de Defensa ha logrado que todavía no se tenga una imagen muy nítida de lo ocurrido en la base española de Qala-I-Naw el pasado 25 de agosto, cuando un afgano infiltrado entre el personal que trabaja allí para nuestro ejército asesinó a dos guardias civiles y a un traductor y después se generó un tumulto contra la base y las tropas españolas.

Esta revuelta, que el Gobierno llegó a negar en un primer momento y que luego fue calificada por Rubalcaba como "un grupo de afganos" que "se acercó a la base donde fueron repelidos por el ejército y policía afganos" fue en realidad un problema de primer orden, con españoles sitiados durante día y medio, escenas de violencia en distintos puntos de la ciudad y el uso de armas ligeras, artefactos incendiarios, granadas de mano e incluso bombonas de butano, contra nuestras tropas y sus edificios.

Represalias por contar los hechos

La narración que ahora conocemos nos llega de uno de los trabajadores civiles españoles en Afganistán, concretamente de Carlos Ramos García, delegado en el país de la empresa pública Tragsa (dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y que da empleo a unos 28.000 trabajadores en España y fuera de nuestro país), que dirige un pequeño grupo de trabajadores de esta compañía, dedicados a distintas tareas de reconstrucción.

Ramos García narró los hechos en un correo electrónico a Manuel Vidal López, director de relaciones institucionales y "número 2" de Tragsa; Carlos Vázquez Fernández, director adjunto; José García Asensio, subdirector; y a otros altos responsables de la empresa, a los que llamaba la atención sobre el peligro que están corriendo los siete trabajadores civiles españoles en Qala-I-Naw.

El correo fue enviado sólo tres días después de los hechos y, según fuentes internas consultadas por Libertad Digital, la respuesta de la compañía ha sido presionar a Ramos García para que abandone su puesto y, finalmente, todo apunta a que será despedido.

¿Con la colaboración de las fuerzas afganas?

Uno de los detalles más sorprendentes de la narración de los hechos que ahora se desvela es la actitud de las tropas y la policía afgana durante los hechos: siempre según la versión de Ramos García sus testigos le informaron de que "hasta el propio ejército nacional afgano proporciona a la turba botes con líquido inflamable para arrojarlos al interior del cuartel".

Más aún: "La misma policía afgana se deja desarmar por los manifestantes; armas que utilizan éstos para disparar al interior del recinto [el cuartel español]". Esto entraría en franca contradicción con las palabras de Rubalcaba en la rueda de prensa en la que dio por primera vez cuenta de lo sucedido.

De hecho, según Ramos García mientras las fuerzas españolas esperaban que fuese el ejército afgano el que frenase el tumulto la realidad es que éste "ni tenía poder, ni armas, ni como supimos después la voluntad de reducir a este gran grupo de manifestantes".

Todo un día de violencia

Mientras en España las informaciones oficiales daban por finalizados los tumultos, la realidad fue que los hechos se prolongaron durante prácticamente todo el día 25. Además no sólo se circunscribieron a las cercanías de la base española, sino que otras zonas de la ciudad vivieron escenas terribles.

De hecho la situación más complicada se dio en el antiguo cuartel español, todavía usado pero que fue sustituido en 2008 como cuartel general por la actual base, mucho mayor. En este cuartel, conocido como el PRT se mantuvo en una situación propia de un asedio un grupo de militares españoles unas 36 horas, desde que ocurrieron los hechos el día 25 hasta el día siguiente por la tarde, cuando el mando militar ordenó ir a buscarlos.

En este cuartel también se encontraba atrapado uno de los trabajadores civiles españoles en la ciudad, el médico Víctor Saúl Fernández Millares, que estaba trabajando en el hospital cercano y fue trasladado allí en cuanto comenzaron los incidentes.

Desde dentro de este cuartel Fernández Millares mandaba a Carlos Ramos García "mensajes SMS cada vez más serios sobre el ataque continuo de los afganos". Desde luego, debían ser más que serios ya que la turba "asediaba el cuartel lanzando piedras, granadas de mano y disparando desde arriba de los muros". "Era un espectáculo dantesco, llamas y disparos" que podían verse incluso desde la base española, según contaba Ramos García en su mensaje.

Los testigos directos de estos hechos contaron posteriormente que los afganos concentrados en este punto "lanzaban gritos de alegría, hacían signos de la victoria y se reían". Además, la violencia se trasladó a otros puntos de la ciudad: por un lado, en el aeropuerto se dio un serio enfrentamiento entre los alborotadores y un helicóptero del ejército, en el que hubo un violento cruce de disparos y varios minutos de tensión; por el otro varios vehículos de Tragsa y Aecid resultaron calcinados y otras oficinas españolas en la ciudad fueron seriamente amenazadas.

Una frase del mensaje enviado por Ramos García resume de forma terrible el ambiente que se vivió en la ciudad: "Estaba claro que iban a por todo lo que olía a español o que trabajara con españoles".

Conclusión clara: "Estamos en medio de una guerra"

El mensaje de Ramos García a sus superiores, que como ya hemos comentado estaba destinado a prácticamente toda la cúpula directiva de la empresa pública Tragsa, extrae unas conclusiones más que lógicas, y muy poco alentadoras, sobre el trabajo de los civiles españoles en la zona. Así, según explica en este correo, lo ocurrido "representa una confirmación de que estamos en medio de una guerra y que tanto civiles como militares somos considerados invasores y diana de sus ataques sin diferenciación alguna".
En este entorno, señala que hablar de "burbujas de seguridad" tal y como se hace en sentido militar "es arriesgado, pues siguiendo el símil de las burbujas, pueden explotar en cualquier momento y por cualquier lado". De hecho, tras los acontecimientos vividos Ramos García se muestra convencido de que "la calma que vivimos a partir del viernes 27 – es decir, 24 horas antes de redactar su comunicación – se puede quebrar fácilmente".

Estos acontecimientos y el ambiente de violencia habitual en la zona, pues según ha podido saber Libertad Digital verse inmerso en situaciones de peligro es algo normal para los civiles españoles allí, hacen que el responsable de los trabajadores de Tragsa en Afganistán se pregunte "si se dan las condiciones necesarias y suficientes para poder continuar con nuestro trabajo".

Alejados de la población local

Además, en otro párrafo de su carta Ramos García se lamenta también de otro problema que también está muy lejos de la realidad poco menos que idílica que suele reflejar la información oficial: las relaciones con la población local, que no está tan agradecida como podríamos pensar, tampoco son fáciles.

Así, como muestra de esto recuerda que "aunque parte de la población de Qala-I-Naw, especialmente los cercanos a nosotros por razones de trabajo, nos ha manifestado su vergüenza y rechazo de los hechos", tres días después todavía no se había producido "ninguna manifestación colectiva en esa dirección, ni tampoco de apoyo a la labor de los españoles en la provincia". Más aún: justo tres meses más tarde sigue sin producirse esa manifestación de apoyo.

Por esto Ramos García reclama que "se nos dote de los medios necesarios tanto para preservar nuestras vidas como para poder incidir a través de proyectos de desarrollo en la mejora de las condiciones de la población".

Una afirmación que hace preguntarse qué están haciendo los españoles en Qala i Naw y cómo lo están haciendo y que, a quién la ha hecho desde la responsabilidad de su puesto de trabajo precisamente, le puede costar su empleo.